¿Cómo tener mejores ideas para hacer Growth?

Durante años se ha repetido la imagen romántica del genio creativo: esa persona que tiene una gran idea mientras se ducha o pasea al perro por el parque. Pero la ciencia lleva tiempo desmontando ese mito. La creatividad, lejos de ser un chispazo de inspiración, parece responder a un proceso mucho más probabilístico: cuantas más ideas generas, más probable es que alguna de ellas sea realmente buena.

Esta afirmación no es solo intuitiva; está respaldada por datos. En 2015, un grupo de investigadores de la Universidad de Nuevo México (liderado por Rex Jung) publicó un estudio en Frontiers in Psychology que pone números y resonancias magnéticas a este fenómeno. El trabajo se titula “Quantity yields quality when it comes to creativity” y confirma de forma empírica la llamada regla de las probabilidades iguales (equal-odds rule):

La calidad creativa no surge de la nada, sino de la cantidad.

En otras palabras, la creatividad no se trata de tener una idea brillante, sino de generar muchas ideas hasta que alguna lo sea. Este principio tiene implicaciones directas para cualquier proceso de ideación, desde un brainstorming hasta el diseño de experimentos de crecimiento. Y es justo lo que vamos a explorar en este artículo.

Qué dice la ciencia: la «regla de las probabilidades iguales»

La regla de las probabilidades iguales (equal-odds rule) fue formulada por el psicólogo Dean Keith Simonton en los años 90. Su idea es simple pero potente:

La probabilidad de producir una idea creativa aumenta de forma lineal con el número total de ideas generadas.

En otras palabras, la cantidad predice la calidad. No porque todas las ideas sean buenas, sino porque, estadísticamente hablando, más volumen implica más oportunidades de acierto.

El estudio de Rex Jung et al. (2015) puso esta teoría a prueba combinando mediciones de comportamiento y neuroimagen. Reclutaron a 246 personas y las sometieron a una prueba de pensamiento divergente, en la que debían generar el mayor número posible de interpretaciones para una figura abstracta.
Cada respuesta fue evaluada por jueces independientes que calificaron su creatividad en una escala del 1 al 5.

El resultado fue contundente:

  • Cuantas más ideas producían los participantes (fluidez ideacional), más creativas eran sus mejores respuestas.
  • La correlación entre cantidad y creatividad alcanzó r = 0,73, una relación muy fuerte en términos psicológicos.

Esto confirma que la creatividad no depende solo de la genialidad individual, sino de un proceso de variación y selección: primero generamos muchas ideas (variación) y luego elegimos las más prometedoras (selección). El propio Jung lo enmarca dentro del modelo BVSR (Blind Variation and Selective Retention), una especie de “evolución de ideas” donde el volumen actúa como motor del descubrimiento

El cerebro detrás de las ideas

Una de las aportaciones más interesantes del estudio de Jung y su equipo es que no se limitaron a contar ideas: también analizaron qué zonas del cerebro se activan o están estructuralmente relacionadas con la ideación y la creatividad.

Usando resonancias magnéticas de alta resolución, encontraron que las personas con mayor capacidad para generar ideas creativas mostraban diferencias estructurales en varias áreas clave:

  • Polo frontal izquierdo: relacionado con pensar sobre el futuro, planificar y explorar escenarios posibles.
  • Parahipocampo izquierdo: implicado en imaginar alternativas y combinar recuerdos para construir nuevas conexiones.
  • Tálamo y cíngulo anterior derecho: asociados a la inhibición cognitiva y a la fluidez mental, es decir, la capacidad para pasar rápidamente de una idea a otra.

En conjunto, estos resultados dibujan una especie de “red cerebral de la ideación” donde dos procesos actúan en equilibrio:

  1. Variación (expansión): generar muchas ideas, sin filtro.
  2. Selección (convergencia): evaluar cuáles merecen la pena.

El cerebro creativo, por tanto, no es más “brillante”, sino más flexible: puede alternar entre explorar nuevas posibilidades y concentrarse en evaluar las más prometedoras.
Esa dinámica entre expansión y selección es exactamente la que aplicamos (o deberíamos aplicar) en los procesos de ideación dentro de equipos de producto, marketing o growth

Aplicación práctica: cómo aprovechar la regla en sesiones de ideación

Si aceptamos que la creatividad se comporta como una cuestión de probabilidad, y no de genialidad, entonces nuestro trabajo no es tener ideas brillantes, sino crear las condiciones para generar muchas.

Cuantas más hipótesis, enfoques o soluciones pongas sobre la mesa, más fácil será encontrar una que realmente funcione.

El estudio de Jung et al. se traduce en una lección práctica muy clara: «Antes de buscar calidad, hay que provocar cantidad».

Veamos algunos principios aplicables directamente a sesiones de ideación en entornos de producto o growth:

1. Separa la divergencia de la convergencia

No mezcles fases. Primero, explora sin juicio ni filtros (divergencia). Luego, evalúa y selecciona (convergencia).
Esto permite que el cerebro use sus dos modos, creativo y analítico, sin interferencias.

Por ejemplo, durante un brainstorming de experimentos, dedica los primeros 20 minutos solo a generar ideas (sin debatir). Después, pasa a votarlas o priorizarlas con frameworks como ICE o PXL.

2. Optimiza para la fluidez, no para el consenso

Un buen indicador de una sesión creativa no es cuántas ideas se aprueban, sino cuántas se generan. La fluidez ideacional es una métrica objetiva que puedes medir: nº de ideas / persona / hora.

En equipos de growth, podrías establecer un objetivo de 30 ideas por sprint. No importa si 25 son mediocres: lo relevante es que 2 o 3 sean testables y prometedoras.

3. Favorece la variación

Las ideas disruptivas suelen aparecer cuando combinas perspectivas distintas.
Por eso conviene mezclar roles y backgrounds en las sesiones: analistas, diseñadores, marketers, producto…

Prueba a invitar a alguien ajeno al proyecto (por ejemplo, un data scientist o un especialista enUX) a la sesión. Su mirada puede romper los patrones del grupo y abrir nuevas rutas.

4. Reduce la inhibición cognitiva

El tálamo, según el estudio, filtra la información y puede frenar la creatividad si actúa en exceso.
Traducido a un lenguaje que podamos entender quienes no somos expertos en neurociencia: cuanto más «segura» se siente la gente para decir tonterías, más ideas valiosas emergen.

Para apoyarte en este hecho podrías crear dinámicas que eliminen el miedo al juicio:

  • Ideación anónima (en aplicaciones colaborativas como Miro o FigJam).
  • “Brainwriting” individual antes del debate.
  • Rondas rápidas tipo crazy 8s.

El objetivo no es encontrar la idea, sino generar muchas y dejar que la selección natural haga su trabajo. Como en biología, las mejores sobreviven no por azar, sino por volumen y diversidad de mutaciones.

Cómo medir la fluidez y la calidad de las ideas

La ideación no tiene por qué ser un proceso etéreo o difícil de medir.
Si entendemos, como demuestra la equal-odds rule, que la cantidad impulsa la calidad, entonces podemos tratar la creatividad con el mismo rigor que cualquier otro proceso experimental: midiendo volumen, variabilidad y conversión.

Aquí van algunas formas de hacerlo:

1. Fluidez ideacional (cantidad)

Mide cuántas ideas se generan en una sesión o ciclo.

Métrica básica:

Nº de ideas generadas / Nº de participantes / Tiempo invertido

En una sesión de 45 minutos con 6 personas y 60 ideas totales, la fluidez sería 2,2 ideas por persona cada 5 minutos. Puedes usar esto como benchmark y tratar de aumentarlo con nuevas dinámicas.

2. Ratio de testabilidad

No todas las ideas merecen pasar a fase de test.
Aquí interesa saber qué porcentaje de ideas son viables para experimentar.

Métrica:

Nº de ideas testables / Nº total de ideas

Si de 60 ideas, 12 pueden llevarse a test A/B o prototipo, el ratio de testabilidad es del 20%.
Aumentarlo implica mejorar el criterio o el foco en la sesión convergente.

3. Ratio de éxito creativo

La medida más cercana a la «calidad» desde un punto de vista growth.
Se trata de cuántas ideas testadas terminan generando un resultado positivo o significativo.

Métrica:

Nº de ideas exitosas / Nº de ideas testadas

Si de 10 tests derivados de una sesión, 3 mejoran métricas clave, tienes una tasa de éxito del 30%, bastante buena en entornos experimentales (y bastante por debajo de los ratios que manejamos en Product Hackers, si me permites presumir un poco).

4. Diversidad temática

La creatividad también depende de explorar distintos ángulos.
Analiza la variedad de categorías o enfoques en tus ideas: canales, audiencias, copy, producto, UX, pricing…

Clasifica las ideas por tipo de palanca (acquisition, activation, retention, revenue, referral o por fase en el PH Canvas). Cuanto más equilibrado sea el mix, más potencial de descubrimiento.

5. Tasa de reciclaje

Algunas ideas no triunfan a la primera, pero vuelven transformadas en algo útil.
Medir la reutilización, la iteración o la evolución de ideas descartadas es una buena forma de valorar el aprendizaje colectivo.

Ejemplo aplicado: medir la fluidez de hipótesis en un pipeline de experimentación

Imagina que tu equipo trabaja en ciclos de experimentación quincenales.
Cada sprint incluye una fase de ideación, una fase de priorización y una fase de ejecución y análisis. El objetivo: mantener un flujo constante de hipótesis que alimenten el backlog de experimentos.

Así podrías medirlo:

FaseIndicadorMétricaEjemplo
IdeaciónFluidez ideacionalNº de hipótesis generadas / Nº de participantes42 hipótesis entre 6 personas = 7 por persona
PriorizaciónRatio de testabilidadHipótesis viables / Hipótesis totales12 viables / 42 totales = 29%
EjecuciónRatio de éxitoExperimentos con impacto positivo / Experimentos ejecutados3 de 10 tests mejoran métricas ? 30%
IteraciónTasa de reciclajeHipótesis reaprovechadas / Hipótesis descartadas4 hipótesis recicladas de 20 descartadas = 20%

Con estos datos, podrías construir un «dashboard de ideación» que te permita:

  • Detectar cuándo baja la producción de ideas (fatiga creativa o bloqueo del equipo).
  • Evaluar si el ratio de éxito mejora cuando aumenta la fluidez.
  • Identificar perfiles o dinámicas que aportan más diversidad temática.

A medio plazo, esto convierte la ideación en un proceso medible y optimizable, igual que cualquier funnel de conversión o pipeline de ventas. La creatividad deja de ser intangible y pasa a formar parte del sistema de rendimiento del equipo.

Producir más para pensar mejor

La creatividad no es una cuestión de inspiración, sino de volumen y variación.
El estudio de Jung y su equipo lo demuestra con datos: cuantas más ideas generas, más probable es que alguna de ellas sea realmente buena. No porque el cerebro funcione mejor, sino porque aumentas las oportunidades de selección natural entre ideas.

En el día a día de un equipo de Growth o Producto, esto se traduce en algo muy simple: No necesitamos más genios. Necesitamos más ideas.

El trabajo creativo y experimental no va de tener la idea perfecta, sino de construir un sistema que produzca muchas, rápido, y que permita filtrarlas sin fricción. La cantidad no es enemiga de la calidad: es su precondición.

Por eso, la próxima vez que lideres una sesión de ideación, recuerda el principio que guía a los grandes creadores, científicos y equipos de innovación: «Si quieres una buena idea, empieza teniendo muchas.» La creatividad no se espera. Se fabrica.

Si quieres leer más sobre psychogrowth échale un vistazo a este post.

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